El realismo
literario en México durante la época de Micrós
En la segunda
mitad del siglo XIX, como oposición al idealismo del momento,
nuevas corrientes de pensamiento van a proponer otros enfoques
de la vida y, aunque se entrelazan diversas actitudes, predomina
una concepción materialista de la realidad con base en la
filosofía positivista.
Para mostrar
esta nueva visión del mundo, el artista asume con frecuencia
una postura crítica. En su obra se refleja la preocupación
por una verdad buscada por medio de la observación y el
análisis de la realidad.
El gusto
del público y la índole de los temas provoca que la forma
narrativa se imponga sobre otros modos de expresión y la
novela se convierta en artículo de consumo de un público
masivo y heterogéneo.
El auge
del periodismo contribuyó a la difusión de ideas de conciencia
social al incluir en sus entregas tanto el cuento como la
novela de folletín.
Así pues,
el reflejo de la realidad constituye un universo novelístico
que parte de temas como: el hombre y su comportamiento,
los conflictos humanos, las cuestiones vitales, el entorno
habitual, los problemas económicos y de orden práctico,
la realidad social, las costumbres y los sucesos contemporáneos.
Para ello,
el escritor crea sus ambientes a partir de la vida cotidiana
y el ámbito local, los describe con precisión y detalle.
Se habla de lo habitual y circundante. Se busca la objetividad
como reacción contra el exceso de subjetividad romántica.
En estos
escenarios se mueven los personajes del cuento y la novela
realista. El personaje constituye la verdadera preocupación
del escritor; son seres tomados de la vida real y recreados
por el narrador.
Buena parte
de la caracterización de los héroes y heroínas de la narrativa
realista residen en la adecuación entre el personaje y su
habla.
El mensaje
del texto se ocupa de reproducir la realidad, puesto que
se trata de la verdad del momento; se despierta el gusto
por la realidad nacional, de lo propio frente a lo ajeno.
También
existe la intención, en el artista, de que su obra sea útil.
De ahí que con frecuencia encontramos un propósito didáctico
y un fin moralizante.
En el manejo
de la lengua fue donde la narrativa produjo verdaderas innovaciones.
La narración constituye la materia prima de la novela y
el cuento; sin embargo la descripción, en el realismo, ocupa
un lugar muy importante, ya que responde a la necesidad
de forjar esa realidad.
Las descripciones
de lugares y personajes, de estados de ánimo y paisajes,
son exhaustivas y minuciosas en el detalle, a veces tan
prolijas que, para no cansar al lector, el escritor maneja
el período sintáctico breve. La forma de expresión, tan
natural que parece simple y sencilla, está muy trabajada,
justamente para esconder la personalidad del escritor y
llegar a la claridad y exactitud que pide la objetividad
del relato. Al alternar la narración con el diálogo, el
autor consigue el equilibrio entre las formas directa e
indirecta; pero es sobre todo en el diálogo donde desempeña
una auténtica labor de orfebrería; el habla debe responder
a la forma del pensamiento del personaje, el lenguaje coloquial
confiere realismo a las situaciones si está cuidadosamente
dosificado y, en esa búsqueda de lo verdadero, el autor
maneja con igual soltura regionalismos que vulgarismos.
En la narrativa
nacional del siglo XIX se pretende mexicanizar todo en la
obra: el asunto, los personajes, el habla, las costumbres,
todo cuanto sea necesario, para dar la atmósfera peculiar
de este lugar a la obra literaria.
II.
Algunos datos biográficos
En medio
de este panorama aparece una figura singular: Ángel de Campo,
quien aporta a la corriente cultural imperante su pesimismo
agudo y su desdén radical.
Su vida
es tranquila y común. Ángel Efrén de Campo y Valle según
información de su sobrino Antonio Fernández Del Castillo
nace en la Ciudad de México el 9 de julio de 1869, en la
casa número 25 de la calle de Puente Quebrado, hoy República
de El Salvador, en el barrio de San Juan de Letrán.
Asiste al
Colegio del Canónigo Díaz. Su padre, el militar Ángel de
Campo, muere pronto y su madre, Laura Valle, agota la escasa
herencia.
El tío político
de Micrós (como se acostumbra llamar a De Campo),
Francisco Fernández Del Castillo, lo inscribe en el colegio
más prestigiado de entonces, el de don Emilio Baz.
Inició estudios
de medicina, pero tuvo que abandonarlos para mantener a
sus hermanos y aceptar un modesto empleo en la Secretaría
de Hacienda.
Para completar
sus ingresos fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria
y, alentado por Altamirano, inició sus colaboraciones en
los periódicos de la capital.
A la muerte
del escritor, Micrós escribe un texto educativo titulado
Recuerdos del maestro, dedicado a doña Margarita
G. de Altamirano.
|
Cuantas
veces, rodeado por nosotros, se
entusiasmó el Maestro,
poníase de pie, se
arreglaba los pantalones, y con ademán
mesurado, hablaba. Fácil su palabra, iba
animándose, desparramaba ejemplos,
citaba autores, y diríase que hablaba ante
un Congreso; empero, sin inmutarse,
porque era orador y era elocuente a todas
horas, su talento no se parecía al de
aquellos que, como ciertas gentes, visten
su palabra de elegante ropaje tan solo en
los días grandes. (Recuerdos del Maestro, p. 230)
|
En esos
años de formación, la generación de Micrós lee ávidamentesegún
afirma Luis González Obregóna los novelistas contemporáneos
-franceses, españoles, rusos, desde Zolá hasta
Tolstoi, desde Pérez Galdós hasta Turgueniev, sin olvidar
a los nuestros, a Fernández de Lizardi, Fernando Orozco,
Justo Sierra (padre), al trascendental Facundo, a Guillermo
Prieto y a nuestro inolvidable Altamirano.
Después
de discursos, ensayos y críticas, llegaron a la conclusión
de fundar el liceo Santuario de nuestras glorias y de nuestros
afectos, continúa diciendo don Luis González Obregón
en el prólogo que hizo a los cuentos de Micrós.
Su intención,
al reunirse con Altamirano, fue crear una literatura nacional
que reafirmara la mexicanidad de este país.
III.
Características de su obra
Del prólogo
que hizo Ma. del Carmen Millán a la colección de cuentos
titulada Cosas vistas y cartones, se entresacan a
continuación algunas de las ideas principales:
Ángel de Campo es uno de los pocos escritores de su
tiempo conocido básicamente como cuentista. Su obra editada
es pequeña: tres libros que contienen unos setenta cuentos.
El cuento no acaba de independizarse de la novela sino
hasta los últimos años del siglo XIX con los escritores
llamados realistas. Por entonces no estaba totalmente deslindado
su campo ni aquilatada su importancia literaria... no existe
un criterio para establecer los límites de este género narrativo.
Se confunden el cuento largo y la novela corta; y lo mismo
sucede con la técnica: un cuento amplificado es una novela;
una novela comprimida, es un cuento; y cuento es también
cualquier relato o las impresiones y reflexiones personales
acerca de un hecho cualquiera.
La colección
de cuentos de Ángel de Campo presenta las características
propias de la literatura realista que fueron citadas con
anterioridad. A estas líneas generales del realismo se unen
la tradición moralizante y didáctica que nació en la novela
hispanoamericana con El Periquillo Sarniento y a
la tendencia nacionalista que Altamirano impuso a la literatura.
Lo más corriente
es clasificar la obra de Micrós atendiendo a la temática.
La mayor
parte de los cuentos de Ocios y apuntes se seleccionaron
de la serie denominada Ocios que apareció en el diario
El Nacional, los jueves y los domingos de cada semana, durante
el año de 1890.
En este
primer libro, Micrós marca el terreno en que se movería
en adelante, las líneas que explotaría con mayor acierto
y los procedimientos técnicos que usaría.
El lugar
es la Ciudad de México y describe la situación de las clases
pobres.
Los temas
que trata son: experiencias de la niñez, retratos de personajes
típicos, historias de niños y animales abandonados, escenas
de la vida familiar y amorosa, así como cuadros de costumbres.
|
|
| Plaza de la Constitución y
vista de la Catedral, Ciudad de México, 1912.
Foto Duhart, H. Archivo General de la Nación. |
Los procedimientos
que utiliza con mayor frecuencia son la evocación del pasado
a través de un hecho presente, la descripción de caracteres
físicos y morales, mediante escenarios vivos, y la humanización
de objetos, animales y plantas.
Los cuentos
de Micrós son fragmentos de una realidad ya perdida que
él conoció de cerca y que supo revivir con sus tipos peculiares.
Son un espejo que, a la vez, refleja los hechos intrascendentes
de la vida diaria y capta lo más entrañable del espíritu
del pueblo.
También
es muy importante en la obra el tratamiento del lenguaje,
el empleo del habla del pueblo bajo en la conversación entre
personajes.
Finalmente,
es importante anotar que el lenguaje acorde con el tema
tratado, la emoción vívida y tierna, el tono mesurado y
discretamente irónico, la rebeldía punzante, el pesimismo,
son las características que distinguen a este escritor del
resto de su generación.
IV.
La Ciudad de México en la obra de Micrós
¿Cómo enfoca
Micrós la Ciudad de México y qué llama su atención?
Él mismo
lo explica en su obra con estas palabras:
Me interesaban aquellos cuadros
y escenas
que encontraba en la calle y nunca había
visto. La mandadera que saluda al gendar-
me, la enamorada pareja trasnochada que
con un último resto de embriaguez va sabe
Dios a dónde; el bullicio de las panaderías
que arrojan a la acera el olor caliente de la
sabrosa hornada, la agitación de la tienda, la
limpieza de la pulquería y el lento abrirse de
las correctas boticas.
(Dura Lex, p. 96) |
Como él
mismo afirma, los personajes del pueblo son uno de los temas
principales de su producción. Lo mismo puede hacer la descripción
de El Chato Barrios y compararlo con Isidorito Cañas, que
hablar del Pobre Cejudo. O bien se preocupa por presentar
a un personaje de lo más bajo de la plebe, con el objeto
de hacer muchas veces una denuncia social, como lo vemos
cuando habla de un condenado a muerte en Dura Lex.
Así se expresa Micrós:
Sólo un sargento, un tipo
vulgar, parece
preocupado; sí, él comprende todo lo amar-
go de esos minutos, al estar cerca de ese
lujo de la ley social; él sabe cómo la mise-
ria, la ignorancia, las humillaciones, el
hambre como las olas impuras, impelen
del lecho del incesto y la mancebía a un
rebaño que vive en el fango, al hombre
hecho animal por la pobreza con todos los
instintos del bruto, degenerado, incons-
ciente que parece nacer para que se le
suprima en el nombre de una ley inspirada
en la barbarie, pero nunca en los princi-
pios de redención, que hacen del asesino
un enfermo y del abyecto un ejemplar más
de las monstruosidades que engendra la
promiscuidad de la plebe. (p. 99) |
Otros personajes
del pueblo bajo que también le interesan son las prostitutas
y de ellas habla en El entierro de la Chiquitita
o de Soledad en El Inocente.
En ambos
casos las protagonistas pagan las consecuencias de su vida
descarriada. En la primera, La Chiquitita paga con su vida;
en la segunda, Soledad paga con la vida de su hijo. Al respecto
Micrós dice:
Se engañan los que toman como
excepcio-
nales los caracteres de esas infelices. Sole-
dad junto al hijo, diríase una nodriza
cuidadosa; era tonta y no veía en el
enfermo una culpa hecha dolorosa carne,
un remordimiento, sino una criatura
anémica que curaría con una poca de
Emulsión, visita los miércoles y baratijas
de a seis centavos. ¡Qué saben de medicina
y de herencia ciertas descarriadas! (El
Inocente, p.280). |
En cuanto
al lenguaje, Micrós pone en boca de estos personajes las
expresiones propias del pueblo, y así lo mismo emplea frases
como hacer de las aguas (Pobre viejo,
p. 20) o como la mera verdad (Mi musa),
o bien emplea esta otra que ha perdido actualidad para nosotros:
si te dan medio, me das cuartilla por el chisme
(La mesa chica, p. 50); o esta otra que por el contrario
parece tan actual: De veras que las mujeres recogen
lo peor. Ahí está Emelina: tantos guapos que le hicieron
el oso y fue a dar con Cejudo (Pobre Cejudo,
p. 129).
|
|
| Esquina Cadena y Colegio de Niñas,
Ciudad de México, 1912. Foto Miret, Archivo General
de la Nación. |
Son tan
importantes estas formas lingüísticas que inclusive pueden
decirnos mucho acerca de la mentalidad de esa época, por
ejemplo esta expresión: ¿Qué quieres aquí,
Luis? Los hombres no entran a la cocina, se te van a caer
los pantalones (La mesa chica, p. 50).
Micrós también
escribe sobre las supersticiones propias del pueblo, entre
otras la creencia en los cocos, los viejos, el pobre, etc.
Y así lo relata:
Las criadas sacaban
a colación estúpida-
mente el relato de los cocos y viejos que
habían de cargar de ellos (Si La Niña
Supiera, p.65). ¡Vaya unos niños! Si no
se callan apago la vela y me voy. Arró-
pense y duérmanse... o se los lleva el pobre
y viene el muerto a jalarles los pies (Si La
niña supiera, p. 71). |
Además de
los personajes del pueblo, con sus problemas y su miseria,
a Micrós le interesa hablar de los animales a los cuales
da vida y compara con los seres humanos.
|
|
| Tortilleras, 1912. Foto Lupercio.
Archivo General de la Nación. |
El animismo
que hay en los cuentos de Micrós fue muy apreciado en su
momento. Actualmente es muy común ver a los animales de
caricaturas hablando y actuando como seres humanos.
Los ejemplos
en la obra de Micrós son varios, como el de El Chiquitito
del cual dice:
El pobre Chiquitito,
el infeliz canario,
tenía sed de las aguas de un charco...¡Pobre
cautivo! Su distracción única era
dominar con la mirada la acera de
enfrente (p. 4). |
Y haré la
comparación del destino del Chiquitito con el de muchos
hombres diciendo:
¡Cuántas ilusiones
se parecen al pájaro
prófugo, enterrado en una maceta, sin
flores, sin lágrimas, sin epitafios, con un
abrojo y profanada por los gatos! (El
Chiquitito, p. 10) |
Otros animales
humanizados de los cuales nos habla son:
... un gato viejo, sensible
(que) se llamaba
el Mamouth, pero le decían Mamú a secas.Desde
chico dio a conocer el muy hipó-
crita lo que iba a ser de grande: ¡canalla! |
y El Pinto,
Abelardo y Gladiator.
Para ubicar
a los protagonistas de sus obras Micrós describe su ambiente,
como antes se dijo, presentando aquellos lugares habitados
por la clase media y baja de la capital.
Con estas
descripciones se puede hacer un viaje de recuerdos por la
vieja ciudad de México en el siglo pasado.
Por ejemplo,
hay un cuento titulado Dos Besos que está dividido
en dos secciones (Antes y Ahora). En la primera
parte se refleja como un cuento típicamente romántico, con
un escenario de ayer: el Castillo de la Selva Negra. En
la segunda parte, Ahora, la obra se presenta con
todas las características del realismo y es aquí donde Micrós
hace una excelente descripción del escenario de su interés:
los barrios pobres de la ciudad de México.
En ella
Micrós habla del alumbrado público de esta capital, en la
cual la gente tiene que vivir prácticamente de día, porque
la iluminación es tan pobre que a las nueve de la
noche son un milagro los transeúntes.
El alumbrado público es raro por
aquellos
pobrísimos y apartados rumbos, en los que
a las nueve de la noche son un milagro los
transeúntes. De la luz eléctrica no existe
más que el poste y un farolillo de tremen-
tina pende de una cuerda atada al asta-
bandera de una pulquería y una T de palo
casi podrido (Dos Besos, p. 59) |
La descripción
que hace del barrio miserable cuando nos muestra a los pobladores
del lugar hacinados en construcciones rudimentarias y paupérrimas
Así lo describe Micrós:
Dispersos jacales dejan
escapar volutas de
humo y por las junturas se adivina una
hoguera de palos viejos, donde hierve el
maíz. Al reflejo de esa pobre lumbre mue-
len el nixtamal las mujeres, en tanto que
los niños lloran confundidos con el abuelo,
el tío, la prima y el compadre, en el mismo
petate. (Dos Besos, p. 60) |
Y en ese
mismo barrio miserable, también se menciona, al igual que
en La Rumba, la única novela de Micrós, el tren tirado
por mulas que suena sus cascabeles:
Un último tren repiquetea sus cascabeles
en la
esquina, señal inequívoca de que han dado las 8 y
media (Dos Besos, p. 60) |
|
|
| Postal, Ciudad de México, 1910.
Foto Duhart, H.,Archivo General de la Nación. |
Y algo más
sobre el transporte, esta vez de los desechos fecales, recogidos
entonces por carros también tirados por mulas:
Enorme y maloliente tonel con ruedas,se
pierde en los oscuros campos; se oye el
apagado tañer de una campanilla que el
carretero lleva colgada del fajo, somno-
liento carretero que, con las riendas de la
mula sueltas, canta entre dientes melan-
cólica canción popular (Dos Besos, p.60) |
Pero no
sólo describe los barrios de la ciudad sino que también
habla de los interiores de las vecindades, de las casas,
de los cuartos. Usualmente pinta la miseria de dichos lugares,
pero otras se dedica a relatar sus recuerdos personales.
Por ejemplo
en El reloj de casa, en Mi musa, o en El
heredero, donde hace una minuciosa descripción de las
habitaciones y nos menciona una presencia constante: el
viejo reloj, con su tic-tac, al cual le da vida humana.
Así lo relata Micrós:
No puedo olvidar aquella pieza que
olía a
alcanfor. Me parece que veo a mi padre con
su gorra de terciopelo ...
Todo en calma, hasta el viejo reloj que
tenía en su eterno tic-tac, medroso mo-
nólogo algo del latir de un corazón. (El
Reloj de Casa, p. 20) |
Son múltiples
los datos que el escritor nos ofrece para reconstruir muchas
y variadas facetas de la vida en el siglo XIX, pues lo mismo
habla de las comidas de ese tiempo, que de los juegos de
los niños, de los productos que se expendían entonces y
de los pregones empleados para anunciarlos. En fin, la obra
de Micrós nos ofrece una perfecta pintura, un panorama acabado
de lo que fue la vida en la ciudad de México durante el
siglo pasado.
Bibliografía
| DE CAMPO, Ángel.Ocios y Apuntes
y La Rumba. México, Porrúa, 1993. (Colección de
Escritores Mexicanos). Cosas vistas y cartones. México,
Porrúa, 1986. (Colección de Escritores Mexicanos). |