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Correo del Maestro Núm. 18,noviembre 1997

Los calidoscopios de María Esther

María de Lourdes Santiago Martínez

Cuando María Esther llegó a los cursos de latín que se   ofrecen en la Facultad de Filosofía y Letras me sorprendí, pues nunca se había acercado a estos cursos nadie de pedagogía; no obstante, al conocerla entendí el porqué de su interés: supe que dedicaba la mayor parte de su tiempo a la investigación de la obra de Juan Amós Comenio, pensador y educador checo del siglo XVII, y que, el conocimiento original de la obra de este autor implicaba, asimismo, el conocimiento del latín, la lengua que éste prefirió utilizar en muchos de sus escritos para acceder al mundo intelectual de su época.

Por otra parte, el propio Comenio, quien fue también maestro de lenguas, expresó en su obra Didáctica magna la necesidad de aprender latín como herramienta para la lectura de los libros "sabiamente" escritos. Comenio tendió un puente entre el checo y el latín, María Esther busca extender ese puente del latín al español.

Debo confesar que fue María Esther quien, con el enorme entusiasmo que la caracteriza y con el amor que irradia hacia todo lo que forma parte de su mundo y le interesa, me invitó a leer a este clásico de la educación, al obsequiarme el libro El mundo en imágenes (Orbis sensualium pictus), que sirvió a Comenio como libro de texto para la enseñanza de las lenguas y, por supuesto, la obra me fascinó y, ya contagiada por el entusiasmo de María Esther, decidimos que algún día trabajaríamos juntas la traducción del latín al español y el estudio completo de algún escrito de Comenio; aunque aún no hemos empezado, confío en que pronto nos daremos el tiempo para hacerlo.

Todos los que hemos estado cerca de María Esther sabemos que se trata de una mujer sui generis, que en ocasiones se aparta de las convenciones para atender a sus convicciones; este libro, Calidoscopios comenianos I* es un reflejo de su personalidad, de su individualidad. Ya desde el título, la autora captura nuestra atención, pues todos alguna vez hemos deseado acercarnos a un calidoscopio con la intención de descubrir en él imágenes bellas, maravillosas y nunca repetidas.

En efecto, Calidoscopio o Caleidoscopio es una palabra de origen griego formada a partir del adjetivo   kaloz (kalós): "bello", del sustantivo eidos (éidos): "imagen" y del verbo skopein (skopéin):"observar". Se trata de un instrumento óptico que, a través de un sistema de espejos, permite multiplicar simétricamente los objetos y produce así bellos y variados efectos.

Éste es el significado real de la palabra y es en este sentido en el que la utiliza María Esther Aguirre, quien afirma:

"A la manera de un calidoscopio, las andanzas y la obra de Comenio persistentemente nos muestran al pacifista, que se desplaza convocando a la unidad a la diversidad de los hombres, de las iglesias, de los saberes y su instrumentación".

No obstante, podríamos jugar un poco con las etimologías y pensar calidoscopios como una palabra híbrida formada a partir del adjetivo latino: calidus: "cálido" y del verbo griego skopein (skopéin): "observar"; si fuera de esta manera, la palabra querría decir: "observaciones cálidas" de Comenio. En efecto, gracias a María Esther Aguirre, en este libro nos acercamos a este pensador y educador del siglo XVII de una manera cálida, amena; no se trata del típico libro teórico que nos hace sentir apabullados por tanta erudición, sin que esto signifique que no está sólidamente documentado. El estilo en el que se nos ofrece la teoría expuesta es amistoso: muchos de los apartados responden a una serie de interrogantes previamente planteadas por María Esther, hecho que brinda al lector confianza, pues se da cuenta de que él no es el único que ignora, que duda, ahora sabe que la propia autora se enfrentó a estas interrogantes y que fueron ellas las que sirvieron de estímulo para investigar cada vez con mayor profundidad la obra de Comenio y su valor, tanto en el siglo XVII como en la actualidad.

La autora no gusta de la simple descripción de la persona y de la obra desvinculada de su momento y espacio social, pero tampoco está de acuerdo con quienes conciben al sujeto como un "sujeto colectivo" o "sujeto social" y lo consituyen como un portavoz de una época. María Esther Aguirre prefiere abordar su objeto de estudios:

".con otro aparato teórico-metodológico que reconstruya una visión totalizadora, a partir de ininterrumpidos entrecruzamientos entre nuestro autor, su obra, el tiempo social que la posibilita, aprehendiéndolo como el hombre que resulta de su propia historia individual y de la historia social en curso."

Por otra parte, en este libro la autora hace una seria reflexión sobre el oficio del pedagogo, sobre sus debilidades, entre ellas, el desconocimiento de sus herencias culturales, cuestiona el desarrollo de su propia disciplina en México y afirma valientemente:

".en los estudios de educación no existe la tradición del estudio de los clásicos como tales; no se reconocen sus legados por una razón básica: se les desconocen"

El libro es un intento de subsanar esta carencia de información; María Esther quiere contribuir con él a la difusión de este autor clásico, al hacerlo accesible al público, pues, como ella misma afirma:

".la obra de un clásico se valora por lo que en ella se expresa, y a la vez por su presencia en la historia: si no hay obra, no habrá lector.";

pero, por fortuna esta obra ha llegado a nosotros y su título Calidoscopios comenianos I nos ofrece ya una promesa de continuación que, sin duda, muchos de nosotros recibiremos también con beneplácito.

*AGUIRRE LORA, María Esther. Calidoscopios comenianos I. CESU, UNAM-Plaza y Valdés, México, 1997.

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