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Correo del Maestro Núm. 18, noviembre 1997

La matemática en la escuela
Algunos problemas y sus causas

Roberto Marcarían

Escribo "incitado" por la directora de esta revista, con quien conversamos mucho sobre mi oficio y sobre los temas de mis investigaciones. Es la primera vez que abordo estos temas. Creo no ser capaz de aportar grandes ideas ni de dar opiniones muy novedosas, pero el desafío valía y asumí el reto.

El objetivo principal del artículo es escribir sobre algunos problemas y situaciones que se presentan en el aprendizaje de la matemática al final del ciclo escolar, pero me fue imposible hacerlo sin referirme a algunas cuestiones mucho más amplias que hacen a las dificultades de la matemática y su aprendizaje en general. Por ello se verá que el artículo tiene dos partes bien diferenciadas. Las subsecciones de la primera parte (la enseñanza de la matemática en general) están numeradas 1, 2, 3; las subsecciones del artículo mismo están ordenadas por letras mayúsculas A, B, C,...

Estas notas estarán carentes de ejemplificaciones detalladas, de la experiencia propia de tratar con niños de alrededor de 10 años, pero pueden tener la validez de quien trata y le gusta tratar con jóvenes en quienes las dificultades de aprendizaje de dos lustros antes, se reflejan en dolorosos traumas de estu-dio. Y de quien ha hecho de la enseñanza y de la investigación en matemática su profesión.

La enseñanza de la matemática en todos los niveles se presenta como un problema insoluble. Tiene causas y manifestaciones diferenciadas en países con distintos grados de desarrollo económico y cultural. Algunas de ellas tienen componentes que son propios de los países con menor desarrollo industrial o agronómico autónomo o con economías muy dependientes de las inversiones, de las fluctuaciones de mercados o de políticas, externas.

Se podría resumir la explicación de por qué la disciplina es motivo de tantas preocupaciones para alumnos, profesores y padres en nuestros países, en los siguientes tres aspectos.

1. El subdesarrollo

En naciones donde la aplicación creativa del conocimiento para el desarrollo de nuevas tecnologías no constituye parte de la mentalidad dominante, es difícil que aumente el prestigio y el reconocimiento de las ciencias básicas necesarias para tales desarrollos. En estos países (que incluyen al del autor de esta nota), quienes marcan explícita o implícitamente los rumbos de la evolución económica, de las inversiones, de la ocupación de mano de obra, tienen por orientación central la importación de maquinaria o técnicas y su adaptación al terreno o producción primaria del lugar. Por tanto, difícilmente ellos promuevan una cultura en que la creación de conocimiento autóctono sustentado en el conocimiento básico ocupe un lugar destacado en el desarrollo global.

Esto no significa que su discurso, sus arengas, etc., no estén cargadas de alientos a la promoción de las ciencias y su carácter nacional. Me estoy refiriendo a aspectos más sustantivos, más estructurales, de la sociedad, no sólo a lo que gobernantes o líderes empresariales pudieran escribir y decir. Más clara y esquemáticamente: en una economía que no está basada en la creación de técnicas propias para resolver sus problemas no hay promoción del cono-cimiento científico y menos aún de la ciencia más abstracta, la de menos con-tenido factual: la matemática.

Creo útil ejemplificar la importancia del conocimiento básico para la creación de ciencia y técnica a las necesidades autóctonas (nacionales, diríamos ahora) con lo que sucedió en la América Prehispánica. El mejoramiento del maíz, la decisión de cuándo plantar, la introducción de la roza como procedimiento para ganar nuevos terrenos cultivables, son invenciones propias que respondían a la geografía y a los medios disponibles: fue creación autóctona de tecnología. Estos progresos fueron simultáneos a la creación de sistemas de conteo del tiempo (calendario, saber astronómico), a la invención de sistemas de numeración y de formas de lenguaje escrito. Todo esto es conocimiento básico, sin el cual aquellas necesidades agrícolas propias no podrían haber sido satisfechas. La invención de tecnología propia —incluso la adaptación de técnicas conocidas a los problemas, materiales, tradiciones, del lugar— es imposible, si no se han desarrollado vigorosamente las ciencias básicas de tales tecnologías: biología, física, química, matemática, y los procedimientos que median entre estas ciencias y las aplicaciones.

La invención de tecnología
propia —incluso la adaptación de técnicas conocidas a los problemas, materiales, tradiciones, del
lugar— es imposible, si no se han desarrollado vigorosamente las
ciencias básicas de tales
tecnologías: biología, física,
química, matemática, y los procedimientos que median
entre estas ciencias
y las aplicaciones

2. La matemática es difícil

El objeto de la matemática es un tanto imperceptible. La abstracción de las propiedades cuantitativas o geométricas que caracterizan a las primeras nociones estudiadas en los cursos de matemática, constituyen un proceso de complicada asimilación. Pequeños errores en este proceso hacen muy difícil la asimilación de nuevos conceptos y procedimientos, generando grandes traumas futuros. Por otra parte la memorización de una nomenclatura diferente y muy precisa introduce componentes que no son usuales en la vida diaria.

A la vez, tales formas de pensar, de poder "desmaterializar" los objetos, son parte de nuestra relación con la naturaleza, que nos diferencia de otros animales avanzados. La comprensión de propiedades globales de los objetos que se nos presentan no se hace por mera acumulación. Se hace por reordenamiento, por asociación de similitudes, que son parte fundamental del conocimiento matemático. La aceptación y comprensión de las dificultades de la matemática y, a su vez, de la necesidad de su aplicación son básicas para poder analizar el problema de la matemática con altura y competencia.

El grave problema de la
enseñanza de la matemática no
es privativo de esta disciplina.
En la actualidad se da por
aceptado que todo el sistema
educacional está en crisis. Que
la velocidad de los cambios en
los grandes y en los pequeños
procesos, introdujo inmensas
dificultades en la sistematización del conocimiento y, por
tanto, en su divulgación y
enseñanza.

3. La enseñanza de la matemática es problemática

El grave problema de la enseñanza de la matemática no es privativo de esta disciplina. En la actualidad se da por aceptado que todo el sistema educacional está en crisis. Que la velocidad de los cambios en los grandes y en los pequeños procesos, introdujo inmensas dificultades en la sistematización del conocimiento y, por tanto, en su divulgación y enseñanza. Sin ser muy rigurosos se puede decir que la interacción alumno-docente que caracteriza el aprendizaje se da sobre la base del estado actual del conocimiento y está fuertemente influida por los intereses de ambas partes. El docente, la parte conservadora de esta relación, la que representa lo social, lo adquirido, lo a conservar (en este sentido usé la expresión 'conservadora') tiene grandes dificultades para mantenerse al día con los conocimientos. El estudiante es sacudido por elementos ajenos a la enseñanza formal: los medios de comunicación, la cultura de consumo, en unos casos; el atraso cultural, la destrucción de la familia, la pobreza endémica, en otros; peor aún, todo mezclado, tantas veces. Para cumplir adecuadamente su función el docente debería saber cómo se reflejan estos aspectos en el estudiante cosa que en la actualidad habitualmente no sucede. Este desfasaje entre lo que el docente tiene para transmitir y lo que el estudiante espera recibir genera un desinterés que interfiere de manera fundamental en el aprendizaje.

Las cuestiones analizadas en 1. y 2. producen efectos característicos en la crisis de la enseñanza de la matemática. Hay un proceso de descreimiento de la importancia del conocimiento abstracto, favorecido por las cuestiones económicas y sociales a que hicimos referencia al principio y también por la cultura del logro inmediato, de que lo bueno es lo que se puede consumir. Todo esto genera una especie de despreocupación y en muchos casos una desnaturalización del conocimiento matemático. Con esto último quiero significar que el excesivo énfasis en las motivaciones, en hacer atractivo el objeto de estudio, lleva a descuidar la enseñanza de la matemática misma, de las estructuras generales y las relaciones entre ellas.

Por otra parte las dificultades de la disciplina también se manifiestan en frecuentes cambios de programas, métodos pedagógicos y énfasis temáticos que dificultan la formación de sus docentes. Éstos no logran acompasar su formación y actualización a los cambios de la disciplina y a los incrementados (tanto en número como en calidad) requerimientos sociales. En los últimos 30 años, por ejemplo, hubo al principio un viraje pronunciado hacia la enseñanza muy formalizada (que se dio en llamar Matemática Moderna), y luego una rediscusión radical de tales orientaciones. Esto abrió incluso enconos difíciles de superar entre adeptos a unas y otras posiciones.

Todo esto hace que la matemática se enseñe mal en su forma y en sus contenidos, lo cual constituye una grave falla social. De lo antes expuesto queda claro que no soy de los que opinan que todo esté en manos de quienes enseñamos matemática; tampoco creo que sólo con un gran esfuerzo pedagógico los problemas del aprendizaje de la matemática puedan ser solucionados. Pero la percepción de nuestras limitaciones no nos exime de la obligación de pensar, opinar, dar soluciones, a problemas tan acuciantes y de indudable impacto cultural.

En lo que resta de este artículo, presentaré, a través de breves bloques temáticos, algunos de los problemas del aprendizaje de la matemática en niños que están finalizando la enseñanza primaria.

Los docentes no logran
acompasar su formación
y actualización a los cambios
de la disciplina y
a los incrementados
(tanto en número
como en calidad)
requerimientos sociales.

A. Prestigio del saber matemático y temores que genera

El buen desempeño en matemática es considerado, en general, como una muestra de sabiduría e inteligencia. Se ve a quienes tienen facilidad para la matemática como gente especial, con alguna dote extraordinaria: el saber matemático goza de prestigio. Esto se debe, por una parte, a que las dificultades de la disciplina hacen que quien la sabe o la aprende con facilidad sea visto distinto, especialmente dotado; por otra parte, los muchachos con particular facilidad para la matemática tienen, en general, también facilidad para conceptualizar en otras disciplinas, para continuar la concatenación lógica de razonamientos, hasta para encontrar similitudes en geografía, física,.

Este "prestigio", a su vez, genera en quienes tienen dificultades, un rechazo muy fuerte a la matemática. Se sienten apabullados, pasan a ignorar la belleza, la coherencia y el ordenamiento de la disciplina, y a rechazar todo tipo de formalización por su semejanza con la formalización matemática. No es infrecuente que estos estudiantes con dificultades sean más retraídos, sientan que no podrán ocupar roles importantes en su actividad u obtener ocupaciones destacadas y modernas. Se considerarán humillados ante sus profesores de matemática y, más adelante, muchos de ellos serán incapaces de tener el sustento mínimo para incorporar conocimientos matemáticos o meramente cuantitativos, que les permitan avanzar normalmente en sus estudios.

B. Memoria con detalles

El conocimiento matemático incluye la memorización sistemática, clasificada, si se quiere, de una cantidad muy grande de datos, de información que deberá ser utilizada automáticamente: las tablas de multiplicar, los valores de algunas funciones (las trigonométricas, por ej.), el significado y valor de muchos símbolos (p -pi, por ej.), equivalencias entre diferentes unidades de medida, valores de raíces cuadradas, fórmulas de longitudes, áreas, volúmenes. Esta información debe ser "guardada" con precisión, con detalles: 3 por 8, no es "casi 25", es 24; símbolos muy parecidos son distintos si cumplen diferentes funciones; la coma de los números decimales se debe colocar en un lugar exacto si se quiere representar un número dado, etcétera.

El hacer operativa con velocidad esta masa de información es parte del conocimiento matemático. Quien tiene dificultades para recordar alguna de estas informaciones elementales, difícilmente pueda seguir razonamientos más complicados o hacer ejercicios en que esas operaciones se dan por sobreentendidas.

C. Procedimientos estandarizados

Además del almacenaje de información, el saber matemático incluye la realización de un número muy grande de operaciones y rutinas a ser aplicadas en el orden correcto, con precisión. Dentro de estas operaciones incluyo ciertas propiedades de uso sistemático. Veamos algunos ejemplos: la conmutatividad de las operaciones elementales (cuyo conocimiento disminuye el número de tablas a recordar); "el símbolo de + se transforma en el de - al pasar un sumando para el otro lado del símbolo de ="; la realización de operaciones iterativas, en que la repetición es la clave del éxito (la división, por ej.) Esta destreza incluye también la buena utilización o el adiestramiento en la memoria presente, para no quedar perdido en medio de un razonamiento de muchas etapas.

Esta capacidad para integrar diferentes informaciones y procesarlas de manera más o menos rutinaria es también parte de la buena formación en matemática. Su carencia genera la imposibilidad de saber qué hacer con objetos matemáticos usuales y cómo continuar con operaciones previamente estudiadas.

De igual manera que en la
evolución de las ideas, también
en la enseñanza los conceptos
deben ser introducidos a medida
que van siendo solicitados
por los tópicos enseñados, a
medida que el alumno esté en condiciones de apreciar
críticamente la importancia
de lo que está aprendiendo.

 

D. Lenguaje, símbolos y padrones

El aprendizaje de la matemática depende mucho de un lenguaje y símbolos propios y específicos. Estos lenguajes y simbolismos la hacen a su vez más inaccesible. Se puede decir que son un "mal necesario". Es interesante observar que esos elementos decisivos en el progreso de la matemática demoraron mucho en desarrollarse con toda fuerza; recién se consolidaron en el siglo XVI con el desarrollo de la notación y el formalismo del Álgebra.

Las dificultades inherentes al lenguaje y simbolismo matemáticos obligan a tener el debido cuidado en la utilización de tales instrumentos en la enseñanza. El lenguaje mismo no motiva; las ideas sí. Ningún alumno se puede interesar por cosas donde no vea algún elemento que le satisfaga o agudice su curiosidad. Esto incluso es verdad para los matemáticos que contribuyen al desarrollo de su ciencia. Están interesados en las ideas, métodos y técnicas que hacen parte de la disciplina. Vamos introduciendo lenguajes y simbolismos por necesidades prácticas. Lo mismo se puede decir en la enseñanza: introducirlos cuando se hacen necesarios para auxiliar el aprendizaje de cosas verdaderamente relevantes.

En esta categoría de problemas también entran los padrones, esquemas, palabras claves, que el estudiante debe poder reconocer rápidamente para utilizar las técnicas adecuadas. Las representaciones geométricas, el reconocimiento de figuras o de presentación gráfica (columnas, diagonales, de conjuntos de números) forman parte de las pericias a que hacemos referencia en este ítem. Estos procedimientos incluyen dosis muy grandes de abstracción, pues estos padrones aparecen con presentaciones explícitas o visuales muy diferentes. La interpretación precisa, incluso visual, de algunas definiciones abstractas, es crucial para avanzar en la comprensión de diversos entes geométricos: circunferencia, paralelas, equilátero.

El lenguaje, los símbolos y los padrones matemáticos bien asimilados y utilizados sistemáticamente en otras esferas de la actividad y la ciencia son herramientas de comunicación y sistematización fundamentales. Enriquecen la capacidad de transmisión, simplifican modos de pensar, ayudan a llegar directamente al meollo de problemas. Más aún, el buen manejo de estos elementos en el lenguaje oral, clarifica la presentación de ideas complicadas y evita los circunloquios y rodeos en la descripción de situaciones.

El saber matemático no tiene
la presentación de un queso Emmental: una deliciosa masa con grandes agujeros.

La evolución del aprendizaje de
la matemática en los ciclos primario y secundario debiera más
bien ser una masa uniforme en
que los agujeros que aparecieran fueran considerados como
vacíos que hay que ir llenando.

E. Lógica y conceptos

Las cadenas de razonamientos que son características de la matemática son una de las cuestiones principales que el estudiante debe aprender. Bertrand Russell escribió que en realidad la matemática es un gran silogismo, que una vez dadas ciertas definiciones, grandes áreas de la matemática se construyen "razonando bien". No concuerdo con esta idea in totum: gran parte de lo que traté de describir en la primera parte del trabajo (en particular en el ítem 1.) se refiere a la correspondencia de la matemática con la realidad, a su carácter no arbitrario. Pero no es menos cierto que el buen aprendizaje de la matemática incluye los grandes elementos del razonamiento correcto, de la deducción posible, de las dependencias permitidas entre conceptos.

Estas virtudes del modo de pensar matemático no deben ser contrapuestas a las características antes anotadas, en particular, a la necesaria memorización de definiciones y procedimientos. Menos aún en las etapas iniciales de la educación.

El progreso en la comprensión de los mecanismos lógicos necesita de un grado avanzado de conceptualización, especialmente en estas etapas formativas. Es imposible razonar bien, si los objetos del razonamiento no están definidos con precisión, si no se conocen sus elementos constitutivos y sus límites. Muchas veces una dosis generosa de memoria puede cubrir grandes carencias en estas conceptualizaciones (sumar quebrados sin saber muy bien qué representan las fracciones, por ejemplo), pero a la larga estas carencias saltan aunque más no sea porque con el paso del tiempo todo se olvida.

La capacidad de resolución de problemas está fuertemente basada en estos grados de conceptualización y rigor lógico: identificación de las preguntas planteadas, utilización de alternativas válidas, cambios de frente para atacar el problema ante el fracaso de alguno utilizado previa-mente.

Aún así, las cosas deben ir a su debido tiempo. De igual manera que en la evolución de las ideas, también en la enseñanza los conceptos deben ser introducidos a medida que van siendo solicitados por los tópicos enseñados, a medida que el alumno esté en condiciones de apreciar críticamente la importancia de lo que está aprendiendo. Caso contrario el resultado es negativo pues en lugar de estimular el aprendizaje, produce el efecto contrario de generar desinterés por una matemática que trata de objetos imperceptibles, que ni en su estructura intrínseca son necesarios.

En esto también la evolución de la ciencia da buenos ejemplos: los matemáticos profesionales lidiaron con funciones durante casi dos siglos antes de llegar a su definición general. Sólo dieron una definición precisa (con sus con-tenidos y límites) cuando la resolución de delicadas cuestiones de convergencia lo hizo absolutamente necesario. La introducción prematura de conceptos como los de función inyectiva, sobreyectiva, inversa, compuesta, . sin la utilización adecuada de esos conceptos -y, por tanto, sin revelar su real importancia- es un ejercicio gratuito que se le exige al estudiante. Gratuito y contraproducente.

F. Necesariamente estimativo

La resolución de problemas destaca, además de los aspectos lógicos y de conceptualización antes aludidos, la importancia de lo cuantitativo en matemática, de saber estimar resultados y descartar soluciones improcedentes. Tal cual resulta inaceptable que quien hace cálculos con velocidades de camiones carreteros obtenga resultados de 900 km por hora y no trate de buscar el error; al multiplicar sucesivamente tres números de una cifra, un alumno medio de matemática debe descartar resultados millonarios.

El realizar cálculos 'groseros' debe ser incentivado por los maestros más aún en tiempos que tales cálculos se hacen con pequeñas máquinas, perdiéndose la noción del resultado aproxima-do, de la estimación. Resulta inadmisible que el buen razonamiento, que la buena memorización, etc., no se complementen con el resultado más inmediato del saber matemático: cuantificar fenómenos y acontecimientos, y operar con los números resultantes de la cuantificación.

G. Carácter acumulativo

Por último, he creído útil destacar el carácter acumulativo del conocimiento matemático. Éste es un aspecto particularmente sentido por los docentes de los ciclos superiores de la enseñanza: las carencias acumuladas, incluyendo las carencias de información y de sistemática, generan inmensas dificultades en la comprensión de nuevas ideas.

Expresado con los debidos respetos, se puede ser un excelente estudioso de ramas amplias de la historia sabiendo poco del papel de Carlomagno en la Edad Media, pero no se puede ni aprender matemática en los últimos cursos secundarios si no se sabe sumar fracciones. El saber matemático no tiene la presentación de un queso Emmental: una deliciosa masa con grandes agujeros. La evolución del aprendizaje de la matemática en los ciclos primario y secundario debiera más bien ser una masa uniforme en la que los agujeros que aparecieran fueran considerados como vacíos que hay que ir llenando.

Muchas veces se disminuye la importancia de este carácter acumulativo de los estudios de matemática; se le considera una sobreexigencia de los profesores, otra reivindicación de los aspectos globales de la materia. No es así. La buena comprensión, memorización, práctica, de los conceptos anteriores, es casi imprescindible para entender razonablemente las etapas más avanzadas. Facilita el aprendizaje, consolida más fácilmente lo nuevo. Todos los rasgos analizados entre B. y F. abonan la importancia de la acumulación en el conocimiento matemático. Ruego al lector haga un breve repaso de ellos para convencerse de que carencias en unos aspectos se reflejan en debilidades de los otros.

Espero que a los lectores habituales de esta revista les resulten útiles estas anotaciones sobre la enseñanza de la matemática. De mi parte encontré muy interesante y estimulante hacer este ordenamiento sobre temas que de otra manera sólo llaman mi atención cuando recibo los reproches que habitualmente se hacen sobre las dificultades para comprender la disciplina.
Agradezco a A. M. F. por diversas e importantes correcciones de estilo. Parte de la sistematización de la segunda parte de esta nota está inspirada en un artículo incluido en una colección dedicada al Desarrollo y comportamiento de niños mayores y adolescentes: Melvin D. Levine, Ronald L. Lindsay & Martha S. Reed: The Wrath of Math. Pediatric Clinics of North América, 39,525 - 536 (1992).

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