Una experiencia
de formación creativa infantil, en el medio rural
Cada niño
es una pequeña semilla susceptible de ser sembrada para
florecer. En su interior viven los colores y los aromas,
las caprichosas formas del viento que tan sólo esperan un
pequeño impulso motivante, para emerger en ramillete creativo
a través de las palmas de sus manos.
Cada niño
es entonces un pequeño Quetzalcoatl que escudriña el universo
en busca de caminos, un pequeño creador y recreador de su
entorno, un Dios que trabaja con las manos y el espíritu,
con sencillez y humildad, con entrega y agradecimiento.
Cada niño es, en sí mismo, un gran artista. A veces la semilla
queda en espera de la siembra y la lluvia, potencialmente
viva, pero sin la oportunidad de abrirse y germinar, otras
lamentablemente escasas para las pequeñas poblaciones
rurales la semilla es sembrada, regada y cuidada con
esmero y abre y da flores y frutos de calidad incuestionable.
En el pueblo
de Amilcingo, comunidad de origen campesino perteneciente
al Municipio de Temoac, ubicado al oriente del Estado de
Morelos, el proyecto Tepamitl Nemi: La Pared Vive,
fue el impulso motivante que despertó el genio y la inquietud
creativa de niñas y niños de entre 7 y 10 años de edad,
alumnos de las escuelas primarias General Emiliano Zapata
y General Vicente Guerrero.
Roberto
Martínez, joven pintor urbano y desinteresado promotor cultural,
emigró de la ciudad al campo con una mochila cargada de
sueños y pinceles, convencido de que con un poco de esfuerzo
y buena voluntad conseguiría transmitir su inquietud y experiencia
a niños que hasta el momento no habían tenido la oportunidad
de conocer, explorar y experimentar el uso y disfrute de
las artes plásticas. Con esta ilusión es que echa a andar
en Amilcingo el proyecto Tepamitl Nemi.
Tepamitl Nemi hace referencia a la cultura visual
pública, donde las paredes, además de servir de sostén al
techo de casas y edificios, dejan de ser tan sólo piezas
de tabique y argamasa y cobran vida para poner de manifiesto
el espíritu humano. Las paredes hablan transformadas en
murales y palpita en ellas el corazón de un Diego Rivera,
un O'Gorman o un Chávez Morado para el disfrute colectivo;
son entes capaces de transmitir el sentir de un hombre y
por qué no, de un pueblo.
Tanto en
el D.F. como en otras grandes ciudades del país, uno puede
contemplar "paredes vivas" llenas de color y talento, junto
a otras que cumplen fines comerciales o panfletarios. Esto,
de alguna manera, equilibra las fuerzas, pero en pueblos
más pequeños son escasas las paredes vivas, algunas lucen
letreros "Coca-Cola", el bonito cartel de algún baile popular
o el proselitismo de una campaña gubernamental o partido
político; las más, son frescas paredes para el resguardo
del sueño y el descanso que es, a fin de cuentas, su misión
primordial.
¿Pero por
qué no llevar los elementos y colores de la naturaleza a
los muros de los pueblos? ¿Por qué no, con este pretexto,
motivar a los niños para que den rienda suelta a su espíritu
y lo plasmen cálidamente en las paredes y el papel?
Con un
promedio de 17 niños nace, en 1994, el taller Achtli-Semilla,
taller que vincula a un artista urbano interesado en impulsar
desde la escuela el desarrollo creativo infantil, con maestros
de educación primaria, padres de familia, niños y el programa
PACMyC (Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias)
que ofrece al taller un estímulo económico para la compra
de materiales.
El trabajo
del taller estuvo encaminado a la producción de dos murales
y se desarrolló en cuatro etapas, correspondiendo la primera
a la conformación de los grupos que formarían parte del
taller. Un grupo se integró con niños pertenecientes al
turno matutino de la escuela primaria Emiliano Zapata y
otro con niños del turno vespertino de la escuela Vicente
Guerrero; ambas escuelas comparten el mismo edificio escolar
y la misma inquietud. Entre todos, eligieron los muros exteriores
de la escuela primaria del poblado como depositarios del
talento colectivo, ahí serían montados los murales creados
por el taller Semilla a través de la técnica de mosaico.
Dos paredes, dos turnos escolares, muchas manos e imaginación
infantil, dos murales.
La técnica
de mosaico para la construcción de murales consiste en armar
varios mosaicos que, unidos entre sí como un gran rompecabezas,
dan como resultado una obra integral. Cada mosaico es a
la vez un complejo rompecabezas armado con cientos de piezas
de materiales naturales provenientes de la región, tales
como la piedra y el tezontle, y el reciclado de materiales
de desecho y rehuso; en este caso en particular se utilizaron
materiales provenientes de talleres cercanos dedicados a
la fabricación de macetas y losetas.
Una vez
integrados los grupos de trabajo, se efectuaron visitas
a lugares cercanos en los que pueden contemplarse murales,
como los plasmados en la Escuela Normal Rural de Amilcingo.
Se analizaron las temáticas y técnicas utilizadas para su
creación, los motivos que les dieron origen, la gama de
colores empleados, los materiales utilizados, los sentimientos
que motiva su contemplación. Estas visitas fueron despertando
la sensibilidad plástica de los niños, de quienes espontáneamente
comenzaron a surgir inquietudes.
Pero, ¿cuál
sería el o los temas con que se trabajaría? No tenían porqué
ser los mismos que se desarrollan en las ciudades, así que
se seleccionaron temas cercanos a la cotidianidad del lugar
tales como su vida y problemas de siempre, sus fiestas,
personajes históricos y populares y su entorno natural.
Algo que se conoce se siente propio y, por lo tanto, es
patrimonio común.
Como segunda
etapa, ya elegido el camino por andar, se dio inicio a un
taller de actividades creativas por medio del cual los niños
comenzaron a familiarizarse con los materiales y técnicas
artísticas, con elementos naturales tales como piedritas,
varitas, hojas y semillas, además de pinturas, pinceles,
papel, pegamento, emotividad, entre otros. De sus manos
fueron surgiendo calendarios verdaderamente plásticos, auténticos
e irrepetibles.
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Superada
esta fase introductoria y una vez desarrollado el gusto
estético de los pequeños, éstos fueron capaces de proponer
líneas de trabajo acordes a sus propios intereses e inquietudes;
de sus propuestas, emanadas y discutidas en conjunto, fueron
brotando bocetos e ilustraciones de las que surgió el diseño
general de los murales Zapata y los animales y
Los niños montados en la paz. Concluido el difícil trabajo
de planeación, los niños mostraron ante su comunidad los
primeros resultados del taller y su propuesta creativa para
la construcción de los murales. Esto permitió dar continuidad
a la vinculación comunidad-taller, taller-escuela, fortaleciendo
los vínculos de colaboración y reforzando la identidad comunitaria,
ambos factores indispensables cuando se desarrolla un trabajo
voluntario que no implica un beneficio personal directo.
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Se requería
dar un descanso al Taller antes de iniciar la etapa de producción,
pero una vez echado a andar el genio y el ingenio infantil
¿quién para la cuerda? El entusiasmo y el talento demandaron
no interrumpir las actividades, por lo que se implementó
un taller emergente de diseño de cartel con técnica de plantilla,
al que los niños se abocaron con gran entusiasmo capacitándose,
además, en la confección de máscaras y títeres. El resultado
de este trabajo fue el montaje y puesta en escena de una
obra de teatro de la que los niños fueron también creadores.
La tercera
fase del proyecto dio comienzo con la recolección de materiales
de la región, lo que permitió a los pequeños interactuar
con su medio. Entre los materiales recolectados había piedras
de cuatro colores básicos, pedacería de barro, azulejo y
tezontle; a la par se fueron comprando materiales de construcción
como el cemento, arena y malla electrosoldada. Una vez seleccionados
los materiales se dio inicio a la producción de la obra;
los pequeños guiados por Roberto Martínez y algunos jóvenes
de la población que fungieron como coordinadores, se dieron
a la tarea de romper, clasificar, diseñar, conformar y armar
con paciencia y empeño cada uno de los módulos que integrarían
los murales. Esta labor fue lenta y agotadora, ya que había
que ir dando forma a las figuras y elementos de los murales
con miles de pequeños fragmentos de materiales diversos,
cuidando la estética y resistencia de cada módulo.
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Finalmente,
tras aproximadamente un exhaustivo año de labor, se procedió
a montar e instalar el mural en las paredes exteriores de
la escuela. Esta tarea fue realizada por los integrantes
del taller con apoyo de jóvenes del lugar.
La pared
había cobrado vida gracias a la intensa labor de los jóvenes
creadores, Zapata y los animales y Los niños montados
en la paz sonríen hoy al pueblo de Amilcingo y a sus
visitantes en estallido de colores que testimonian que la
interacción escuela-comunidad es posible e indispensable,
que el trabajo conjunto rinde frutos perdurables.
Los niños
corren y sonríen, continúan creando y transformando su mundo
porque su semilla fue sembrada y regada con ilusión y esmero,
y hoy, florecida, se abre al curso vivificante del tiempo
enriqueciendo su vida y la de aquéllos que les rodean; el
taller Semilla continúa abierto y dando frutos, cada
trabajo que de él brota es una obra de arte que trae aparejada
una mejor expectativa de vida, porque el taller se ha convertido
en una alternativa cultural y formativa para niños de zonas
marginadas a quienes en muy pocas ocasiones se les brinda
la oportunidad del disfrute transformador del arte.
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El taller
Semilla se ha extendido a poblaciones vecinas y al
área urbana. Con muchas limitaciones y esfuerzos el proyecto
emprende su continuidad; muchos artistas han nacido a la
vida y con el tiempo habrán de revertir su experiencia a
otros niños que esperan la siembra. Queda, pues, la experiencia
vivificante del proyecto Tepamitl Nemi para que otros
artistas y maestros, en otros pueblos y rincones de nuestro
país, echen a andar proyectos similares que estimulen el
renacer estético, impulsen la interacción escuela-comunidad
y se conviertan en alternativas culturales y formativas
para los niños de nuestros pueblos, poseedores de un talento
fresco y ávido de luz y estímulo.
Bibliografía
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ZIMBRÓN
Levy, Antonio. Breve Historia de la Odontología
en México. Universidad Nacional Autónoma de México.
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias.
Cuernavaca, 1990, pp. 105, 106.
Enciclopedia
de México. Director: Álvarez, José Rogelio. Edición
Especial para la Enciclopedia Británica de México.Tomo
IX, pág. 5211,1993.
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