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Correo del Maestro Núm. 18, noviembre 1997

Tepamitl nemi

Norma Zamarrón de León

Una experiencia de formación creativa infantil, en el medio rural

Cada niño es una pequeña semilla susceptible de ser sembrada para florecer. En su interior viven los colores y los aromas, las caprichosas formas del viento que tan sólo esperan un pequeño impulso motivante, para emerger en ramillete creativo a través de las palmas de sus manos.

Cada niño es entonces un pequeño Quetzalcoatl que escudriña el universo en busca de caminos, un pequeño creador y recreador de su entorno, un Dios que trabaja con las manos y el espíritu, con sencillez y humildad, con entrega y agradecimiento. Cada niño es, en sí mismo, un gran artista. A veces la semilla queda en espera de la siembra y la lluvia, potencialmente viva, pero sin la oportunidad de abrirse y germinar, otras —lamentablemente escasas para las pequeñas poblaciones rurales— la semilla es sembrada, regada y cuidada con esmero y abre y da flores y frutos de calidad incuestionable.

En el pueblo de Amilcingo, comunidad de origen campesino perteneciente al Municipio de Temoac, ubicado al oriente del Estado de Morelos, el proyecto Tepamitl Nemi: La Pared Vive, fue el impulso motivante que despertó el genio y la inquietud creativa de niñas y niños de entre 7 y 10 años de edad, alumnos de las escuelas primarias General Emiliano Zapata y General Vicente Guerrero.

Roberto Martínez, joven pintor urbano y desinteresado promotor cultural, emigró de la ciudad al campo con una mochila cargada de sueños y pinceles, convencido de que con un poco de esfuerzo y buena voluntad conseguiría transmitir su inquietud y experiencia a niños que hasta el momento no habían tenido la oportunidad de conocer, explorar y experimentar el uso y disfrute de las artes plásticas. Con esta ilusión es que echa a andar en Amilcingo el proyecto Tepamitl Nemi.

Tepamitl Nemi hace referencia a la cultura visual pública, donde las paredes, además de servir de sostén al techo de casas y edificios, dejan de ser tan sólo piezas de tabique y argamasa y cobran vida para poner de manifiesto el espíritu humano. Las paredes hablan transformadas en murales y palpita en ellas el corazón de un Diego Rivera, un O'Gorman o un Chávez Morado para el disfrute colectivo; son entes capaces de transmitir el sentir de un hombre y por qué no, de un pueblo.

Tanto en el D.F. como en otras grandes ciudades del país, uno puede contemplar "paredes vivas" llenas de color y talento, junto a otras que cumplen fines comerciales o panfletarios. Esto, de alguna manera, equilibra las fuerzas, pero en pueblos más pequeños son escasas las paredes vivas, algunas lucen letreros "Coca-Cola", el bonito cartel de algún baile popular o el proselitismo de una campaña gubernamental o partido político; las más, son frescas paredes para el resguardo del sueño y el descanso que es, a fin de cuentas, su misión primordial.

¿Pero por qué no llevar los elementos y colores de la naturaleza a los muros de los pueblos? ¿Por qué no, con este pretexto, motivar a los niños para que den rienda suelta a su espíritu y lo plasmen cálidamente en las paredes y el papel?

Con un promedio de 17 niños nace, en 1994, el taller Achtli-Semilla, taller que vincula a un artista urbano interesado en impulsar desde la escuela el desarrollo creativo infantil, con maestros de educación primaria, padres de familia, niños y el programa PACMyC (Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias) que ofrece al taller un estímulo económico para la compra de materiales.

El trabajo del taller estuvo encaminado a la producción de dos murales y se desarrolló en cuatro etapas, correspondiendo la primera a la conformación de los grupos que formarían parte del taller. Un grupo se integró con niños pertenecientes al turno matutino de la escuela primaria Emiliano Zapata y otro con niños del turno vespertino de la escuela Vicente Guerrero; ambas escuelas comparten el mismo edificio escolar y la misma inquietud. Entre todos, eligieron los muros exteriores de la escuela primaria del poblado como depositarios del talento colectivo, ahí serían montados los murales creados por el taller Semilla a través de la técnica de mosaico. Dos paredes, dos turnos escolares, muchas manos e imaginación infantil, dos murales.

La técnica de mosaico para la construcción de murales consiste en armar varios mosaicos que, unidos entre sí como un gran rompecabezas, dan como resultado una obra integral. Cada mosaico es a la vez un complejo rompecabezas armado con cientos de piezas de materiales naturales provenientes de la región, tales como la piedra y el tezontle, y el reciclado de materiales de desecho y rehuso; en este caso en particular se utilizaron materiales provenientes de talleres cercanos dedicados a la fabricación de macetas y losetas.

Una vez integrados los grupos de trabajo, se efectuaron visitas a lugares cercanos en los que pueden contemplarse murales, como los plasmados en la Escuela Normal Rural de Amilcingo. Se analizaron las temáticas y técnicas utilizadas para su creación, los motivos que les dieron origen, la gama de colores empleados, los materiales utilizados, los sentimientos que motiva su contemplación. Estas visitas fueron despertando la sensibilidad plástica de los niños, de quienes espontáneamente comenzaron a surgir inquietudes.

Pero, ¿cuál sería el o los temas con que se trabajaría? No tenían porqué ser los mismos que se desarrollan en las ciudades, así que se seleccionaron temas cercanos a la cotidianidad del lugar tales como su vida y problemas de siempre, sus fiestas, personajes históricos y populares y su entorno natural. Algo que se conoce se siente propio y, por lo tanto, es patrimonio común.

Como segunda etapa, ya elegido el camino por andar, se dio inicio a un taller de actividades creativas por medio del cual los niños comenzaron a familiarizarse con los materiales y técnicas artísticas, con elementos naturales tales como piedritas, varitas, hojas y semillas, además de pinturas, pinceles, papel, pegamento, emotividad, entre otros. De sus manos fueron surgiendo calendarios verdaderamente plásticos, auténticos e irrepetibles.

Superada esta fase introductoria y una vez desarrollado el gusto estético de los pequeños, éstos fueron capaces de proponer líneas de trabajo acordes a sus propios intereses e inquietudes; de sus propuestas, emanadas y discutidas en conjunto, fueron brotando bocetos e ilustraciones de las que surgió el diseño general de los murales Zapata y los animales y Los niños montados en la paz. Concluido el difícil trabajo de planeación, los niños mostraron ante su comunidad los primeros resultados del taller y su propuesta creativa para la construcción de los murales. Esto permitió dar continuidad a la vinculación comunidad-taller, taller-escuela, fortaleciendo los vínculos de colaboración y reforzando la identidad comunitaria, ambos factores indispensables cuando se desarrolla un trabajo voluntario que no implica un beneficio personal directo.

Se requería dar un descanso al Taller antes de iniciar la etapa de producción, pero una vez echado a andar el genio y el ingenio infantil ¿quién para la cuerda? El entusiasmo y el talento demandaron no interrumpir las actividades, por lo que se implementó un taller emergente de diseño de cartel con técnica de plantilla, al que los niños se abocaron con gran entusiasmo capacitándose, además, en la confección de máscaras y títeres. El resultado de este trabajo fue el montaje y puesta en escena de una obra de teatro de la que los niños fueron también creadores.

La tercera fase del proyecto dio comienzo con la recolección de materiales de la región, lo que permitió a los pequeños interactuar con su medio. Entre los materiales recolectados había piedras de cuatro colores básicos, pedacería de barro, azulejo y tezontle; a la par se fueron comprando materiales de construcción como el cemento, arena y malla electrosoldada. Una vez seleccionados los materiales se dio inicio a la producción de la obra; los pequeños guiados por Roberto Martínez y algunos jóvenes de la población que fungieron como coordinadores, se dieron a la tarea de romper, clasificar, diseñar, conformar y armar con paciencia y empeño cada uno de los módulos que integrarían los murales. Esta labor fue lenta y agotadora, ya que había que ir dando forma a las figuras y elementos de los murales con miles de pequeños fragmentos de materiales diversos, cuidando la estética y resistencia de cada módulo.

Finalmente, tras aproximadamente un exhaustivo año de labor, se procedió a montar e instalar el mural en las paredes exteriores de la escuela. Esta tarea fue realizada por los integrantes del taller con apoyo de jóvenes del lugar.

La pared había cobrado vida gracias a la intensa labor de los jóvenes creadores, Zapata y los animales y Los niños montados en la paz sonríen hoy al pueblo de Amilcingo y a sus visitantes en estallido de colores que testimonian que la interacción escuela-comunidad es posible e indispensable, que el trabajo conjunto rinde frutos perdurables.

Los niños corren y sonríen, continúan creando y transformando su mundo porque su semilla fue sembrada y regada con ilusión y esmero, y hoy, florecida, se abre al curso vivificante del tiempo enriqueciendo su vida y la de aquéllos que les rodean; el taller Semilla continúa abierto y dando frutos, cada trabajo que de él brota es una obra de arte que trae aparejada una mejor expectativa de vida, porque el taller se ha convertido en una alternativa cultural y formativa para niños de zonas marginadas a quienes en muy pocas ocasiones se les brinda la oportunidad del disfrute transformador del arte.

El taller Semilla se ha extendido a poblaciones vecinas y al área urbana. Con muchas limitaciones y esfuerzos el proyecto emprende su continuidad; muchos artistas han nacido a la vida y con el tiempo habrán de revertir su experiencia a otros niños que esperan la siembra. Queda, pues, la experiencia vivificante del proyecto Tepamitl Nemi para que otros artistas y maestros, en otros pueblos y rincones de nuestro país, echen a andar proyectos similares que estimulen el renacer estético, impulsen la interacción escuela-comunidad y se conviertan en alternativas culturales y formativas para los niños de nuestros pueblos, poseedores de un talento fresco y ávido de luz y estímulo.

Bibliografía

ZIMBRÓN Levy, Antonio. Breve Historia de la Odontología en México. Universidad Nacional Autónoma de México. Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. Cuernavaca, 1990, pp. 105, 106.

Enciclopedia de México. Director: Álvarez, José Rogelio. Edición Especial para la Enciclopedia Británica de México.Tomo IX, pág. 5211,1993.

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