Volver al índice

Correo del Maestro Núm. 18, noviembre 1997

El audaz Señor de Meraulyock

Hilda Rodríguez Rocha

Que no le digan, que no le cuenten...

¿Sabe usted cuál es el origen de la palabra merolico?

¿Sabe cuál es su significado?

¿Sabe con qué profesión se relaciona?

Todo comenzó a finales del siglo pasado, y en la carrera de Cirujano Dentista, ya que en México, por esa época, sólo se controlaba el ejercicio legal de esta profesión que apenas nacía.

Así, un señor de origen judío-polaco en aquella época se dedicaba a sacar muelas en las plazas de la Ciudad de México, así también lo hacían otras personas. Este personaje al que nos referiremos se llamaba Rafael Juan de Meraulyock y en el año de 1879 sólo presentó un examen en la Escuela de Medicina para poder legalizar su ejercicio, es decir, dentista.

Veamos ahora cómo se desempeñaba Meraulyock en su profesión:

Para hacer su publicidad mandaba imprimir carteles con su retrato en donde ofrecía, a precios convencionales, sus servicios de cirugía y 'dentistería', pues así se le denominaba lo que ahora conocemos como Cirujano Dentista. Estos anuncios se colocaban en lugares concurridos como lo eran las principales plazas de la ciudad. Decía tener pericia para extraer tumores, curar fracturas, quemaduras y por medio de una operación en los párpados prometía que los ojos pequeños los haría grandes y hermosos. Además, tapaba los dientes con oro y cuando fuera necesario se podían extraer, según él, sin ningún dolor. En lo que se refiere a este último punto vale la pena aclarar que en aquella época no existía, como ahora, el anestésico local, que se usa con tanta frecuencia para diversos tratamientos dentales, además de para extraer dientes obviamente con el mínimo de molestias y evitar el dolor.

Este señor salía por las mañanas del hotel donde se hospedaba.

Seguramente para llamar la atención y distinguirse de la demás gente, vestía con un uniforme militar en cuyo pecho resaltaban diversas condecoraciones europeas. Se transportaba hacia la plaza mayor en un carruaje tirado por dos hermosos caballos. Cuando arribaba al zócalo ya lo esperaban sus ayudantes con el escenario listo para poder ejercer: una mesa, un toldo y un estrado. Todo al lado de una banda que tocaba música, mientras Meraulyock preparaba su instrumental de trabajo. Cuando algún valiente solicitaba sus servicios y se requería hacer la extracción de una pieza dental, la música suave que tocaba la banda relajaba al paciente, en tanto que uno de los ayudantes de Meraulyock se colocaba estratégicamente detrás del mismo con una pistola de balas de salva para que en el momento de dar el tirón a la pieza dental, a una seña que Meraulyock hacía, por un lado se hiciera el disparo con la pistola, y por el otro el ejecutante de los platillos de la banda realizara un formidable 'crescendo' que culminaba con tremendo platillazo en el momento preciso de la extracción. Tal vez estos dos efectos sonoros simultáneos se unían a un tercero que eran los gritos del paciente, porque seguramente esta técnica, aunque muy ingeniosa y bien intencionada, no eliminaba el dolor de la extracción ni se cumplían las demás cosas que él prometía. Es decir, Meraulyock era un verdadero charlatán. Por tanto, después tuvo problemas con la Academia de Medicina y desaparece de la ciudad, pero no de nuestro vocabulario, ya que de su nombre y de su forma de proceder quedó el Merolico

Volver al índice