Por qué
aprendemos y enseñamos la historia europea como si fuera
la historia de la humanidad? ¿Y por qué en Brasil sabemos
más sobre la historia medieval europea que sobre la historia
de México contemporáneo, y en México se enseña más sobre
la historia francesa que sobre la historia brasileña?
Muchos chilenos saben, por ejemplo, que Hitler mató a
millares de judíos en la Segunda Guerra Mundial, pero
desconocen muchos aspectos de la dictadura militar Argentina
de los años 70 que tenía elementos de persecución característicos
del nazismo.
¿Qué
sucedió en la historia de esos países para que ellos se
dieran las espaldas unos a otros, a pesar de las coincidencias
en lo tocante a la historia de la conquista, de la colonización,
de los procesos de independencia y en la propia configuración
nacional?
Debemos
buscar la respuesta justamente en los procesos históricos
que le impusieron a los países de América Latina una posición
subordinada en el concierto de las naciones.
Primero
la conquista, después la explotación colonial, en seguida
la penetración imperialista fueron las formas encontradas
por los países centrales del capitalismo para la succión
de los excedentes de producción latinoamericanos y, en
todos los períodos, la burguesía metropolitana encontró,
en América Latina, las élites como "compañeras ideales"
en el proceso de explotación capitalista. La explotación
sucesiva de las riquezas latinomericanas, la pauperización
de los trabajadores y la imposición de determinadas tareas
productivas impuestas a esos países por la división internacional
del trabajo, transformaron a los países latinoamericanos
en países pobres, atrasados y, como se acostumbraba decir,
subdesarrollados.
Siendo
así, los intelectuales latinoamericanos aquellos
que eran y son responsables por la imagen que el país
tiene de sí mismo y por las propuestas presentadas como
solución a los problemas estructurales pasaron a
formular ideas acerca de las causas del subdesarrollo
y buscar soluciones para el atraso.
Desde
los próceres de las independencias, pasando por el siglo
XIX en el proceso de formación de los Estados nacionales,
hasta los días de hoy, lo más común es que los pensadores
y políticos latinoamericanos encuentren la solución de
los males de América Latina en la copia, o sea,
en la importación indiscriminada de los modelos europeo
y norteamericano de civilización.
La atracción
por el progreso comenzó con Bolívar que, a lo largo del
proceso de independencia de la América española, buscaba
revertir la fragmentación del subcontinente:
| "Es una idea grandiosa
pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación
con un único vínculo que conecte sus diversas partes
al todo. Visto que tienen un único origen, una lengua,
idénticas costumbres y misma religión, deberían, muy
naturalmente, tener un único gobierno que confederase
los diferentes estados que vengan a formarse; pero
no es posible porque climas remotos, situaciones diversas,
intereses opuestos, caracteres dispares dividen la
América. ¡Cómo sería bello si el Istmo del Panamá
fuese para nosotros lo que el Corinto era para los
griegos! Ojalá tuviésemos la suerte de instalar allí
un augusto congreso de los representantes de las repúblicas,
reinos e imperios, para tratar y discutir los altos
intereses de la paz y de la guerra con las naciones
de las otras tres partes del mundo..."
[1] |
Bolívar
evocaba el ejemplo griego (europeo), mientras Mariano
Moreno, líder de la independencia Argentina, evocaba el
ejemplo norte-americano,
|
"El emprendimiento de la obra de nuestra libertad,
a la verdad, es tan grande, que por su aspecto tiene
similitud con los palacios de Siam, que con tan
magníficas entradas, no presentan en su interior
sino edificios bajos y débiles; pero la Providencia
que desde lo alto examina la justicia de nuestra
causa, la protegerá, sin duda, permitiendo que de
los desastres saquemos lecciones las más importantes.
Porque aunque algunos años antes de la instalación
del nuevo gobierno se pensó, se habló, y se hicieron
algunas combinaciones para realizar la obra de nuestra
independencia, ¿diremos que fueron medios capaces
y suficientes para realizar la obra de la independencia
del Sud, pensarlo, hablarlo y prevenirlo?(...)
Permítaseme decir aquí, que a veces la casualidad es
la madre de los acontecimientos, pues si no se dirige
bien una revolución, si el espíritu de intriga y
ambición sofoca el espíritu público, entonces vuelve
otra vez el estado a caer en la más horrible anarquía.
Patria mía, ¡cuántas mutaciones tienes que sufrir!
¿Dónde están, noble y grande Washington, las
lecciones de tu político? ¿Dónde las reglas laboriosas
de la arquitectura de tu gran obra? Tus principios
y tu régimen serían capaces de conducirnos, proporcionándonos
tus luces, a conseguir los fines que nos hemos propuesto.
En esta verdad las historias antiguas y modernas
de las revoluciones nos instruyen muy completamente
de sus hechos, y debemos seguirlos para consolidar
nuestro sistema, (...) [2]
|
 |
Las
sabias palabras de Mariano Moreno pasaron a ser seguidas
"al pie de la letra". Aun-que sea verdad la premisa "las
historias antiguas y modernas enseñan muchas lecciones",
los pensadores políticos tomaban esas historias como modelos
ideales y como las únicas salidas para el atraso de América
Latina. Principalmente los dirigentes políticos y los
intelectuales ligados al poder miraban hacia lo que era
auténtico y nacional con desprecio y, al mismo tiempo,
admiraban las "luces" venidas del extranjero como portadoras
del progreso y de la civilización.
A lo
largo del siglo XIX, el positivismo hizo fortuna en los
países latinoamericanos y sirvió para justificar el poder
de las oligarquías exportadoras de materias primas y la
exclusión política de la mayoría de la población, bajo
el lema hasta hoy en vigor en la bandera de Brasil: "orden
y progreso". O sea, los positivistas señalaban el clima,
la geografía y las razas peculiares de América Latina
como las principales responsables del desorden y del atraso.
Proponían gobiernos fuertes, que consiguiendo eliminar
los "obstáculos de autenticidad", fuesen capaces de darles
un aire más europeo a los países latinoamericanos.
 |
Estas
ideas prevalecieron durante todo el siglo XIX y por ellas
Brasil no miraba hacia Argentina, Argentina no miraba
hacia Chile, Chile no miraba hacia Venezuela, y así sucesivamente.
Todos miraban hacia el océano, esperando que de él viniesen
las tan aguardadas luces... Aún al final del siglo XIX
y al comienzo del siglo XX, algunos autores ya sabían
que las "luces" venían acompañadas de la espada y de sangre.
El cubano
José Martí y el uruguayo José Enrique Rodó fueron los
precursores de la Hora Americana, supieron precozmente
de los males advenidos de la copia, prevenían acerca de
la penetración imperialista y proponían la valorización
del indio, del negro y de la raza mestiza. Martí proponía
la valorización de la cultura prehispánica y que se realizase
una segunda independencia.
| Jamás hubo en América,
de la independencia a acá, asunto que requiera más
sensatez, ni obligue más vigilancia, ni pida examen
más claro y minucioso que el convite que los Estados
Unidos potentes, repletos de productos invendibles
y determinados a extender sus dominios en América,
hacen a las naciones americanas de menos poder (...)
ahora, después de ver con ojos judiciales los ante-cedentes,
causas y factores del convite, urge decir, porque
es la verdad, que ha llegado para la América española
la hora de declarar su segunda independencia. |
El ensayo
Ariel, del uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917),
fue publicado en 1900 y evocaba un "espíritu" latinoamericano
rechazando el utilitarismo y la mediocridad de la democracia
norteamericana. Rodó fue proclamado como el profeta del
"nuevo idealismo" latinoamericano e inspiró, de manera
directa, una serie de intelectuales del subcontinente,
llamados "arielistas".
Además
de esos precursores, el impacto causado por la Primera
Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la Revolución Mexicana
y por la crisis de las oligarquías, hizo nacer en la intelectualidad
latinoamericana sentimientos de desencanto con la tan
anhelada civilización europea y, al mismo tiempo, la visualización
de la alternativa nacional-democrática y del socialismo.
Hasta la mitad del siglo XX, los países de la América
Latina vivieron la época de apogeo del nacionalismo y,
a pesar de que muchos movimientos reivindicaron, en este
período, la necesidad de procesos de integración subcontinental,
los gobiernos nacionalistas estaban mucho más empeñados
en el desarrollo interno, especialmente en la creación
y consolidación de parques industriales. El envolvimiento
europeo y norteamericano en la crisis que se abrió con
la Segunda Guerra Mundial, permitió un aflojamiento de
las relaciones de dependencia y, consecuentemente, la
industrialización de algunos países, como Brasil, México,
Chile y Argentina.
Este
crecimiento económico incapaz de apartar a esos
países de la condición de eslabones débiles en la cadena
imperialista fue responsable por las ideas de nacionalismo
chauvinista y de predisposición de potencia. Este desarrollo
industrial en los moldes impuestos por los países centrales
del capitalismo generó competencia entre las naciones
latinoamericanas e ideas de subimperialismo mismas que
eran comunes entre las élites de esos países. En este
sentido, aunque en las primeras décadas del siglo XX hayan
surgido los primeros movimientos políticos que tenían
ideas de integración latinoamericana, después de la segunda
mitad del siglo, las élites de los países de la América
Latina demostraban una vez más el deseo implícito de imitar
a los países europeos y a los Estados Unidos.
 |
Actualmente,
y principalmente después del final de la guerra fría,
la tendencia a la formación de bloques económicos regionalizados
parece volver a encender las ideas de integración entre
los países latino-americanos. Sin embargo, para que eso
ocurra en el plan económico, los profesores de historia
tienen el papel fundamental de dar a conocer las costumbres,
hábitos, modos de vida e intereses de los vecinos que
por tanto tiempo permanecieron aislados en un mismo continente.
La integración cultural no es más importante que la integración
política y económica, pero ella es precondición de aquéllas.
Parejas que no se conocen no se integran. Ésa es una tarea
para los maestros, los músicos, los artistas, los artesanos
y no para la retórica de los políticos y economistas.
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[1]
BOLÍVAR,
Simón. Escritos Políticos. Lisboa: Ed. Estampa.
1977. p. 98, intitulada "Cartas de Jamaica: respuesta
de un americano meridional a un caballero de esta isla".
Kingston, 6 de septiembre de 1815.
[2]
MORENO, Mariano. Plan Revolucionario de Operaciones: Buenos
Aires: Plus Ultra 1975, 3 ed. p. 24, 25 y 26: Originalmente
escrito en agosto de 1810.